Quimioterapia: efectos secundarios

Esta entrada la escribo para aquellos que están pasando o van a pasar por un tratamiento parecido, para que se sientan comprendidos o sepan qué esperar, aunque me gustaría subrayar que los efectos secundarios de la quimio también son muy personales.

Desde un principio te dan información de lo que puede pasar pero te advierten de que quizá no pase, intentan que no somatices. Y de verdad pienso que para mí eso fue clave. Por supuesto tuve malestar y molestias pero creo que no hay que darle muchas vueltas y pensar que seguramente va a pasar pronto. Hablé con gente que tenía muchos problemas y se sentía casi todo el tiempo mal, pero yo no me sentí así los 21 días sino que poco a poco siempre iba mejorando. No hubo ningún problema serio que arrastrara durante todo el tratamiento.

Así que en primer lugar os mando un montón de ánimos, en segundo lugar os pido que tengáis siempre una actitud positiva, y en tercer lugar os cuento las molestias que yo padecí y cómo las alivié.

 

Días post-quimio.

Por días post-quimio me refiero a esos 5 días malos y regulares inmediatamente después de la quimio.

Náuseas

Tuve algunas náuseas en la primera, segunda y sexta quimio durante las primeras 48 horas. Pero no las recuerdo como algo horrible porque sólo era una sensación, sólo un par de veces intenté vomitar y ni siquiera salió nada. Cuando las noté me tomé lo que me habían recomendado y me alivió enseguida.

Durante una quimio, creo que fue en la quinta, me dieron náuseas en el hospital justo antes de ponerme en la vía la medicina, pero esa vez estoy segura de que fue por sugestión, porque algo raro comí justo antes que me puso el estómago del revés y porque ya por entonces había tomado manía al olor de la sala de tratamiento.

Pérdida de apetito

En la primera y segunda quimio perdí bastante el apetito, pero a partir de la tercera comí desde el principio, a lo mejor porque directamente sabía lo que mi cuerpo toleraba bien. Pero sí sentía hambre y comía lo que se me antojaba.

Sabor metálico

Prácticamente nada me sabía a lo que era, y el agua, en particular, como ya os comenté en Mis quimios, era imposible beberla. Yo comía sobre todo alimentos fríos. Alguna tostada con mantequilla y mermelada, ensaladilla rusa, yogures, no sé cómo ni por qué pero el salmón ahumado también me sentaba bien y me hacía pequeñas tostas,…

En algún sitio leí que siempre es mejor comer alimentos o fríos o calientes y evitar los templados. Como mi tratamiento fue en verano supongo que yo tiraba más hacia lo frío, pero podéis probar qué tal os funciona lo caliente.

Para ingerir líquidos bebía Aquarius® fresquito. Probé con la limonada casera porque ese verano la estaba haciendo a menudo pero era imposible de tomar, me sabía fatal. Así que con la bebida isotónica aguantaba eso días post-quimio.

Una vez que pasaban esos 5 o 6 días la comida y la bebida me sabían mejor y comía de todo.

Ojos secos

Cuando me despertaba los ojos los sentía muy secos y los lavaba a menudo, enseguida notaba alivio. Para ello no llegué a usar sueros ni lágrimas artificiales, con lavarme la cara era suficiente.

Diarrea

Parecía cosa de brujería, pero solía ser al tercer día después de la quimio. Tal como venía se iba en un día y no me molestaba hasta la siguiente quimio. También me pasaba si después de una comida o cena tomaba algo muy frío.

Taquicardias

Me solían dar taquicardias esas primeras noches mientras dormía, notaba cómo el corazón se ponía a mil. A mí sólo me duraban un minuto o dos. Son muy desagradables pero también pasaban con los días.

Sofocos

Estos los llevaba con filosofía porque me acompañaron durante todo el tratamiento. ¡Ahora entiendo a nuestras abuelas y madres cuando se quejan! Son un rollo, sobre todo por la noche en la cama, porque sin pelo notas todo el sudor en la cabeza y la nuca, la almohada se cala y aunque se pasan rápido son molestos. Lo siento, para estos no tengo trucos.

 

“Días buenos”

Con estos me refiero a los 15 días siguientes a la post-quimio.

Dolor en las venas del brazo

Yo alternaba los brazos para cada quimio, porque las venas por donde ponían la medicina cada vez estaban un poquito más doloridas. A mí me dolieron a partir de la segunda sesión, era una sensación de quemazón en las venas del antebrazo, desde la muñeca hasta el codo en el brazo que hubiera tocado.

Me recomendaron tomar ibuprofeno, poner frío y vendarlo para tenerlo un poco comprimido, y sobre todo lo de vendarlo fue lo que más me funcionó.

Para mí esta molestia si era un poco pesada, tengo que admitirlo, y consulté varias veces tanto con médicos como con enfermeras. Preguntad las veces que sea necesario, el personal sanitario os ayudará.

Sequedad en la piel

Yo siempre he tenido la piel muy seca y reconozco que soy un poco vaga para echarme crema todos los días. Así que no puedo deciros que el cambio en mi piel fuera drástico aunque un poquito más seca sí la noté. Lo solucioné echándome crema una vez al día, que antes no lo hacía.

Tos

Un par de veces durante los “días buenos” tuve una tos bastante molesta y persistente. No se calmaba con caramelos ni tampoco con los típicos antitusivos y no me dejaba descansar. Tuve que acudir al médico de cabecera varias veces para que me recetara algo más fuerte.

Molestias en los ojos

Después de tener los ojos más bien secos en la post-quimio, en los “días buenos” me solían molestar el lagrimeo y el picor. Me lloraban mucho sin motivo y me picaban muchísimo hasta el punto de que tenía que cerrarlos fuerte hasta que se me pasaba. Yo usaba toallitas especiales para ojos que compraba en la farmacia y me lavaba con suero para evitar infecciones. Aun así también fue un poco molesto porque no cesó hasta alguna semana después de la última sesión.

Moqueo

Aunque no estuviera acatarrada moqueaba en cualquier momento y sin previo aviso, es decir, cuando me quería dar cuenta el agüilla estaba bajando por la nariz y aunque la sorbiera seguía cayendo. Llevad siempre pañuelos a mano. Se me pasó poco después de la última quimio.

Otitis

Fue el último efecto secundario que me tocó, una semana después de la última quimio. Hay que acudir al médico de cabecera y él valora. Al bajar las defensas es más fácil que haya infecciones pero no os obsesionéis que a mí me pasó un poco y por miedo a enfermar veía bacterias y virus donde no los había.

Uñas

Me salieron varias líneas blancas en las uñas según iban creciendo, así que tenía tatuados unos bonitos calendarios de quimios en ellas. Por cada quimio, una línea blanca. Muy curioso, comparto la foto. No me dolía ni me molestaba nada en ellas.

Sensibilidad al sol

Notaba que el sol quemaba de una manera muy diferente a como lo había sentido antes. Me explico, cuando me daba el sol no es que notara que los rayos me calentaban, notaba que me quemaban de verdad, me hacían daño.

Los cuidados lógicos en este caso fueron ponerme protección 50 en todo el cuerpo y no exponerme al sol. Eso incluía caminar por la calle sólo por la sombra y lo minimísimo por el sol, llevar un pañuelo en el coche para taparme cuello, brazos y piernas (era verano) y en la playa estar debajo de la sombrilla sí o sí.

Me dijeron que también para la playa y la piscina podía usar camisetas de las que tienen protección contra los rayos solares pero me dio la sensación de que me daría mucho calor y preferí quedarme a la sombra y listo. Para pasear esperaba a la hora de la tarde en la que el sol estaba ya muy bajito y así también podía disfrutar.

Unas vacaciones tumbadita en la hamaca debajo de una sombrita tampoco son mala idea, ¿no?

 

Los efectos secundarios que nunca llegaron

Nunca tuve llagas en la boca ni en las encías ni en la garganta, deben ser muy molestas y con lo que me gusta comer las hubiera llevado fatal.

No se me debilitaron o cayeron las uñas, ni se me pusieron marrones o negras.

Buena parte del pelo de las cejas y las pestañas me aguantó hasta después de la última quimio. A esas alturas se cayó, pero como ya estaba saliendo el poco que se había caído las primeras semanas, sólo tuve una breve época de transición hasta volver a tenerlo todo de nuevo.

Pensaréis que fueron más los efectos secundarios que tuve que los que no tuve, y es verdad, sin embargo como algunos fueron pasajeros y a otros más o menos me acostumbré, lo recuerdo con el pesar justo. Pasó lo que tenía que pasar pero no dejé que cada día nuevo se nublara con las molestias del anterior.

Mis quimios

La quimioterapia nunca es como te la imaginabas. En realidad, yo no tenía ni idea de en qué consistía, nunca me había parado a pensar en ella porque no me había tocado de cerca. Si me hubieran preguntado, supongo que hubiera contestado a grosso modo diciendo que era una medicina química (por eso de la raíz de la palabra) que servía para curar el cáncer y que hacía que se te cayera el pelo. Nada creativo. Por eso el día que me dijeron que tenía cáncer y el tratamiento consistiría en quimioterapia, cirugía y radioterapia, entré en pánico. Estaba dispuesta a curarme, pero entré en pánico porque no sabía cómo sería ninguna de las tres cosas. Y el miedo paraliza más que nada en el mundo.

 

El comienzo

Ese jueves 30 de junio de 2016 llegué a la consulta de la oncóloga muerta de miedo sabiendo solamente que la quimioterapia se administraría via intravenosa, que mi pelo se caería y que las defensas probablemente bajarían, por lo que debía evitar al máximo el contacto con gente enferma. Ya empezábamos regular, porque soy enemiga de las agujas y mucho más de las vías. No soy muy de disimular, así que en cuanto la doctora me preguntó qué tal estaba, lágrimas y un “nerviosa porque no sé cómo va a ser” salieron rápidamente. Me tranquilizó bastante que me dijera que no iba a doler y que probablemente sentiría el cuerpo tal cual lo sentía en ese mismo momento.

Y efectivamente así fue.

 

La rutina del hospital

Cada día de quimio fue bastante parecido. Lo primero era llegar a la sala de tratamiento y que me colocaran la vía. A través de ella sacaban la sangre para el análisis, cuyos resultados la oncóloga me comunicaba aproximadamente una hora más tarde en su consulta (para los análisis no hacía falta ir en ayunas, podía desayunar lo que quisiera). Ese análisis nos decía cómo estaban mis defensas (los famosos neutrófilos) y si me podían dar el tratamiento o no.

En mi caso tuve mucha suerte y, aunque dos de las veces estuve muy justita de defensas, me dieron todas las quimios el día que me correspondía. Debe ser un bajón ir mentalizada de que te la van a dar y ya te queda una menos, y que te digan que no puede ser porque hay que esperar para darla. Por gran suerte, nunca me pasó eso.

Una vez que la doctora daba el visto bueno, volvía a la sala donde me habían puesto la vía y comenzaba el tratamiento.

Mi plan consistió en seis quimioterapias, una cada veintiún días.

Una vez en la sala, me sentaba en el sillón y me ponía cómoda. Primero la enfermera conectaba a la vía el líquido que tocara. No voy a detallar el orden de lo que me ponía ni dar nombres porque no lo recuerdo bien y no quiero confundir a nadie, supongo que para cada paciente hay un plan distinto. Sé que alternaba medicinas, antihistamínicos y suero. También al principio me daba una pastilla que tenía que tragar para ayudar a controlar las náuseas.

 

El proceso

Salvo por el repelús personal y la molestia de la vía en mi brazo, no notaba absolutamente nada. Y la verdad que con el paso de las sesiones cada vez me daba menos cuenta. La mayoría de las veces al principio sentía el frío del líquido al entrar pero luego ya nada, y sí que en alguna sesión me dio alguna arcada y náuseas pero también algo aislado, nada que se repitiera en todas.

El tiempo total que estaba conectada era de aproximadamente tres horas y media, en ese tiempo me entretenía leyendo, consultando cosillas en el móvil, viendo alguna peli o charlando. Pocas veces me dormí, creo que una, aunque con los antihistamínicos es muy fácil adormilarse, yo veía gente que cerraba los ojos y descansaba un ratito, ¡qué envidia!

Mientras tienes el gotero puedes ir al baño y a veces lo recomiendan para que vayan saliendo los restos de alguna de las medicinas que ponen. Te ofrecen algún zumo y bocadillito pequeño para que no tengas el estómago vacío; yo nunca tomaba porque me sentaban regular, solía llevarme de casa agua y algo de fruta o frutos secos, lo que me apeteciera ese día.

 

En casa

Para volver a casa siempre lo hacía de copiloto, según pasaban las horas desde que me ponían las medicinas sentía bastante sueño y ni siquiera me planteé conducir porque empezaba a notar un bajón de energía importante.

Ya en casa, me ponía cómoda y directa a la cama. Solía tener náuseas el primer y el segundo día sobre todo, pero te recetan pastillas para que te ayuden a sentirte mejor y cortarlas un poco. A mí no me dieron nunca muy fuertes, lo que sí me pasaba es que perdía el apetito, sólo ver y oler la comida me daba mucho asco, la sensación era muy similar al embarazo. La doctora me dijo que no pasaba nada si los primeros días no me apetecía comer, que no me obligara y que lo importante era estar hidratada. Y como el agua me sabía fatal, bebía Aquarius®.  El tema de la comida y la bebida es muy personal, yo bebía eso o agua muy fría y sólo me apetecía comer cosas también frías.

Y dormía, y dormía, y dormía, porque esos dos días sentía un cansancio como nunca antes había sentido en mi vida. Mi cuerpo luchaba hasta no poder más. Estaba exhausta. Para ir al baño necesitaba ayuda, esos 5 o 6 pasos eran una maratón.

El otro gran compañero de viaje en mis quimios fueron los sofocos, tal cual, de la nada al todo, de estar seca a estar chorreando, desde la altura del pecho hasta el último no-pelo. Y como no había pelo nada lo paraba, notaba las gotas de sudor en mi cabeza y bajando por mi frente, primero mojaba una cara de la almohada, le daba la vuelta, luego mojaba la otra y lo siguiente era cambiar la funda.

Al tercer día podía llegar sola al baño y al salón. Cama sofá, sofá cama. Ya comía algo más.

El cuarto día similar pero con más fuerzas.

El quinto día ya podía salir a la calle y pasear un poco. Esas cinco primeras noches me tenía que poner unas inyecciones que ayudaban a mis defensas, un pinchacito diario en la tripa durante cinco días.

A partir del sexto día puedo decir que hacía vida normal un poco más cansada de lo habitual.

 

Entre quimio y quimio

Fui de vacaciones varias veces, llevé a mis niños a parques, parques de atracciones y al cole, salí a cenar y a comer cuando me apeteció, fui a fiestas escolares, celebré cumples, salí de compras, ¡hasta estuve al pie del cañón cuando operaron a mi chiquitín!

Pocas actividades que me apetecían me arrebató la quimio, sólo le permitía cinco días de margen, después la vida era mía, sin tiempo que perder.

¡Bienvenidos!

Llevo un tiempo dándole vueltas a la idea de escribir un blog. El motor de arranque ha sido mi marido, que durante más de tres años ha estado pidiéndome que lo haga. Siempre he pensado que no tenía mucho que contar y principalmente pensaba que nadie estaría interesado en leer lo que yo escribiera. Pero la vida me puso por delante un gran reto (bueno, en realidad llevaba una época movida en cuanto a retos), y ávida de información busqué en internet todo tipo de artículos y también apoyo en gente que hubiera pasado por lo mismo. Lo encontré en páginas web, blogs y canales de youtube. Me sentía muy identificada y me ayudaba mucho leer a otras personas que se encontraban en mi situación y conseguían mejorar su día a día.

Por esa razón me planteé que tal y como a mí me había pasado, quizás mi experiencia pudiera ayudar a alguien. Y ése es el principal motivo y objetivo de ponerlo en marcha; con que una sola persona que lo lea se sienta aliviada, comprendida o ayudada, estaré satisfecha y éste blog tendrá sentido.

Me gustaría convertir este espacio en un cajón de sastre en el que incluir mis vivencias e impresiones sobre varios temas que me apasionan o sobre los que considero que tengo experiencia. Aclaro en esta primera entrada que todo lo que escriba será mi opinión, con seguridad muy distinta a la de otros, y en ningún caso mi intención es la de herir los sentimientos o menospreciar la profesionalidad de nadie.

Ahora que conocéis el por qué del blog, os invito a compartir conmigo la ilusión con la que lo comienzo, con la esperanza de que creemos entre todos un espacio agradable donde nos sintamos cómodos y nos apetezca pasar un ratito cada día.

¡Bienvenidos!